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domingo, 30 de septiembre de 2012

Crónicas Surferas: Unos días después.

Al volver a casa unos días después, una sensación latente de vacío, de falta de algo comienza a tomar forma. Me siento atrapado sobre tierra firme y echo de menos la libertad del mar. Esta sensación se acrecienta si sopla viento del oeste, que trae hasta mi casa el aroma del mar pese a estar a más de trescientos kilómetros de distancia.
Mi cuerpo tonificado me pide ejercicio y actividad, y ya que no va a poder ser sobre una tabla de surf, lo engañaré de la mejor manera posible con otro tipo de ejercicio que nos ayude a superar el mono de olas. Veo en el telediario a Kelly Slater, uno de los surfers más laureados de todos los tiempos, que sigue ganando campeonatos a sus cuarenta años. Esto anima.
Se va a hacer largo el largo periodo de secano que nos viene por delante, pero siempre nos quedará el recuerdo de la semana que pasamos en Asturias disfrutando de su gastronomía, de sus gentes y sobre todo del surf. ¡Volveré!

sábado, 29 de septiembre de 2012

Crónicas Surferas: Día 5.

Y así llegó el último día de nuestra experiencia surfera. Tristes por ser la última oportunidad de coger olas e intentar por fin subirnos a la tabla con un poco de decencia. La verdad es que para ser el último día, fue el mejor para nosotros físicamente. Después de una semana agotadora, parecía que al fin habíamos cogido la forma física y había que aprovecharlo.
 










Al principio hubo pocas olas, pero a medida que la marea fue bajando, la frecuencia aumentó paralela a nuestro disfrute. Y es que las olas son realmente adictivas, una vez te pica el gusanillo, no piensas en otra cosa que no sea en otra ola más y otra más y más. Se notan nuestros progresos sobre la tabla, los continuos vaivenes de los días anteriores han fortalecido nuestro equilibrio y estamos cada vez más compenetrados con la tabla. Volvemos a coger varias olas de rodillas y por fin algún segundo de pie sobre la tabla, suficiente para que nuestras ganas de surfear se disparen y volver lo más pronto posible para continuar aprendiendo.
Agradecimientos

En primer lugar, y no podía ser de otra forma, agradecer el tiempo compartido a mis dos compañeros de fatigas en el mar Ms. R Y Fer. La compañía y los ánimos mútuos han servido para hacer esta experiencia más inolvidable si cabe. A Iván que nos acompañó durante dos días y compartió su saber con nosotros, y a su compañera Pili por las fotos y por cuidar de nuestras cosas. También a un chico con perilla cuyo nombre nunca supe ni hizo falta, y con el que tuve breves conversaciones entre ola y ola y cuyos conocimientos surferos me fueron de gran utilidad.
A Mrs. Gibson por organizar el viaje y estar siempre pendiente de nuestras necesidades, y por muchas de las fotos que ilustran estas narraciones. Igualmente a MJ, FAM y los pequeños Rodrigo, Inés y Daniel, que jugaron sobre la arena con las tablas y puede que dentro de unos años nos den mil vueltas sobre ellas.
Y como no, a Hugo, David y Laura, monitores de la Escuela Asturiana de Surf que estuvieron con nosotros en esta iniciación, aconsejándonos, puliendo detalles y corrigiendo nuestros errores para que disfrutáramos de la mejor manera del surf.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Crónicas Surferas: Día 3 y 4.

Lo que iba a ser el Gran Miércoles para unos confiados, altivos e inexpertos surfers se convirtió en una dolorosa vuelta a la realidad. El mar nos puso en nuestro sitio bajándonos los humos. El viento revolvía el mar y abundaban las olas pequeñas y sin fuerza para llevarnos. Además costaba mucho volver a entrar al mar y la corriente era fuerte y nos arrastraba hacia las cercanas rocas, por lo que nos tocó remar más de lo calculado en un principio con la consiguiente pérdida de fuerzas.
Pese a todo, conseguimos ponernos de rodillas e incluso en alguna ocasión poner un pie sobre la tabla. Con rapidez el agotamiento hace mella en nosotros, pero las ganas pueden y luchas por coger una ola más, aunque al final acabes comiéndotela de pico y tragando más y más agua. La remada inicial de entrada al agua fue demoledora para mi. Yo remaba y remaba pero la tabla no avanzaba, lo que hizo que en algún momento viera peligrar mi salud y mi integridad, con un calambre en mi pierna derecha que puso la guinda al pastel.
El futuro del Surf











El continuo movimiento del mar fue una prueba de fuego para acabar de dominar el equilibrio sobre la tabla, ya fuera tumbado como sentado. Y así acabó el día, con las orejas gachas, un montón de agujetas y alguna que otra magulladura en nuestros cuerpos.
El día 4 no pude acudir al curso por una contingencia familiar, pero por lo que contaron mis compañeros fue un día idéntico al 3: mucho viento, el mar en continuo movimiento y más cansancio y desánimo sobre nuestros maltrechos cuerpos, aunque las ganas de seguir adelante no desaparecieron en ningún momento.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Crónicas Surferas: Día 2.

El segundo día hubo menos olas y muchos dolores. Nuestra falta de forma física se hizo patente en forma de agujetas sobre nuestros doloridos músculos. Y eso que había estado haciendo algo de gimnasia en casa para prepararme, aunque se ve que fue claramente insuficiente. El calentamiento fue corto y matador, pero pronto los músculos entraron en calor y de nuevo al agua. La pega fue que en lugar de ir andando por la playa hacia la zona de olas, los monitores nos obligaron a ir remando para practicar esta parte del surf, y esto acabó con buena parte de nuestras reservas energéticas. Mirábamos de reojo a los chavales más jóvenes que ya habían estado otros años en el curso y la envidia nos corroía al ver lo bien que se manejaban sobre las olas. Olas que no nos servían a nosotros pero a ellos con su peso les iban de maravilla.
Este día hubo muchas menos olas que el primero y tuvimos que ser más selectivos a la fuerza. Esto ayudó a conservar más o menos nuestras débiles fuerzas y superar la jornada con algo de decoro. Todavía no sabemos elegir bien las olas ni el momento de cogerlas, si lo haces muy pronto la ola se va sin ti y si te demoras la tabla hace un picado que te manda a tragar agua y a limpiar tus orificios corporales. Otras veces es la ola la que te coge a ti y te lleva hacia la orilla sin que tú lo quieras. Todo muy divertido. Sin embargo, los progresos se hicieron evidentes, consiguiendo ponernos en alguna ocasión de rodillas sobre la tabla y alguno de mis compañeros casi de pie. Todo esto nos dio ánimos para afrontar el día siguiente, que fue denominado como el Gran Miércoles en honor al título de la película.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Crónicas Surferas: Día 1.

A las 10 de la mañana nos presentamos en San Antolín con la desagradable sorpresa de comprobar que lo que ayer tarde sólo había sido una humareda se había convertido en un incendio que había calcinado casi toda la montaña. Nos acompañaba como invitado de excepción un helicóptero que a base de dar viajes al mar en busca de agua, luchaba para apagar el fuego. Poco después, ya metidos en el agua, la combinación de surf y el helicóptero sobre nuestras cabezas nos trajo recuerdos de la película Apocalypse Now y sus celebérrimas valkirias.



Aparte de este episodio colateral, nuestras ansias por empezar a surfear crecían por momentos. Poco a poco fueron llegando los que serían nuestros compañeros de curso y nuestros monitores de la Escuela Asturiana de Surf; chicos y grandes en un gran ambiente de camaradería antes de afrontar la primera gran prueba: ponerse el traje de neopreno.
Y cayó uno de los mitos. Una vez elegida la talla, el traje de neopreno se adaptó a nuestros cuerpos como si de una segunda piel se tratase resaltando nuestras “redondeces” acumuladas durante el sedentario invierno sin mayor problema. Después vino “el invento”, que no es otra cosa que la cuerda o cable que une tu tobillo con la tabla para que permanezcan juntos y ninguno se pierda en la inmensidad del mar. En inglés se llama leash y, según nos dijeron, en Canarias “amarradera”, pero en el Norte se llama “el invento”. Y ya sólo quedaba una de las partes más importantes para poderse meter en el agua a surfear: la tabla. Una tabla grandota especial para gente torpona como nosotros que empieza en esto del surf, forrada de un material antideslizante y que poco tienen que ver con las tablas de verdad, esas más pequeñas, de diseño más afilado y que hay que encerar para que no resbalen. Pero esto es materia de cursos superiores.
Y ya a pie de playa, comenzamos con los calentamientos y las primeras lecciones sobre la tabla: cómo colocarse para remar, cómo coger la ola y cómo subirse a la tabla para surfear. Todo muy bonito sobre la arena, pero la hora de la verdad llegó en el agua.
Podríamos comparar lo que vivimos con aprender a caminar o ir en bicicleta. Vas dando pasos inestables, te caes unas cuantas veces y poco a poco le vas cogiendo el tranquillo. Al principio cuesta el simple hecho de tumbarte en la tabla y remar, cuando vas cogiendo estabilidad pruebas a sentarte para esperar las olas (yo esto el primer día no fui capaz de conseguirlo), y finalmente y con un poco de impulso de los monitores, coger alguna ola y empezar a tragar agua como un campeón.
Parece mentira lo adictivo que pueden ser las olas. Pese a los continuos revolcones, tragos de agua y el creciente agotamiento físico, el rato que pasamos en el agua se hizo muy corto y nos moríamos por seguir intentando coger olas. Todo esto lo pagamos durante la tarde y noche siguientes, con el cuerpo reventado pero la cabeza llena de olas y deseando que llegara el día siguiente.

martes, 25 de septiembre de 2012

Crónicas Surferas: Día 0.


 Después de llevar media vida escuchando música surf, el gusanillo de intentar algún día cabalgar sobre las olas siempre estuvo presente. La cuestión es que viviendo a más de trescientos kilómetros de la playa más cercana, la cosa no pintaba nada fácil. Sin embargo, tras la iniciativa de Ms. R que en su día no cayó en saco roto y las posteriores gestiones de Mrs. Gibson, la propuesta se hizo real y tomó forma en la asturiana playa de San Antolín. Y hasta allí nos dirigimos una tarde de Agosto para conocer el lugar y sus accesos, preparándonos para lo que comenzaría al día siguiente, nuestra iniciación en el mundo del surf.
San Antolín es una playa grande, situada a unos cuantos kilómetros de nuestra base en Llanes, y que tiene la particularidad de que en ella desemboca el río Bedón. Es un playa de arena fina con el inconveniente de estar flanqueada por piedras en sus accesos y también en distintas zonas cubiertas por el mar que nos jugaron alguna mala pasada en forma de herida en nuestros pies.
Aquella tarde el mar estaba tranquilo y salvo la curiosidad de una pequeña humareda en lo alto del monte más cercano a la playa, disfrutamos del paraje emplazándonos para el día siguiente al comienzo de la bajamar...

viernes, 21 de septiembre de 2012

Zona Zombie de David Moody.

La evolución zombie sigue su curso y los pocos supervivientes que quedan deben adaptarse a la nueva situación de forma rápida y eficaz si no quieren ser engullidos por la masa putrefacta que los sigue. Y es que siempre que existen encuentros entre los dos bandos suele ser a causa de alguna metedura de pata de los humanos que llama la atención de los zombies. 
Los refugios que parecían seguros ayer, ya no lo son hoy y hay que enfrentarse a nuevas pruebas día a día, con el consiguiente agotamiento físico y pérdidas de nervios que pondrán contra las cuerdas a los escasos humanos que quedan. Poco a poco se darán cuenta de las cosas que son realmente importantes en sus vidas y por las que deben luchar, priorizando sus necesidades. Si me hubieran hecho caso con el uso del fuego hace tiempo, seguro que algo habría cambiado su situación, pero ya es demasiado tarde para ello.
Volvemos a internarnos en territorio zombie y de nuevo salimos airosos y satisfechos por haber pasado un muy buen rato. Si bien no he tenido las experiencias de terror solitario que acompañaron la lectura de las otras entregas, esto no le quita el más mínimo interés a esta tercera parte que ha sido leída en tiempo récord (apenas tres días a mi ritmo), especialmente la parte final de la que no pude separarme hasta acabarla por completo.
A lo mejor me repito un poco con lo que cuento, pero es que la Zona Zombie recoge las mismas características que sus predecesoras: lectura fluida con amenos diálogos y capítulos pequeños, gran exposición de las relaciones personales de cada uno de los personajes y de sus distintas circunstancias cuando la lucha por la propia supervivencia es lo que cuenta.
Ahora toca esperar la publicación de la continuación en español, que por lo que he visto en internet, tiene publicados ya varios capítulos en inglés. Ojalá no sea necesario mucho tiempo para disfrutar de ellas, por lo menos que sea antes de que los zombies acaben por descomponerse del todo o de que se me olvide la trama, aunque siempre habrá un buen prólogo para ponernos al día.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Canción de Hielo y Fuego 5: Danza de Dragones de George R. R. Martin.

Recién terminada la lectura de la esperadísima continuación de la Canción de Hielo y Fuego y ya estoy penando para que no se demore durante años la próxima entrega. Y es que Martín es un genio en este aspecto (y en muchos otros) porque si ya consigue al final de cada capítulo que sigas robando horas al sueño para continuar leyendo un poco más, cómo no lo va a conseguir al final del libro. La expresión que más he repetido durante la lectura ha sido ¡qué cabrón! cuando me sorprendía con un giro inesperado o un final lleno de intriga.
Reconozco que me ha costado seguir algunos aspectos de la trama a causa del tiempo pasado desde la lectura del Festín de Cuervos; en concreto, la parte referente al Dorne ha sido la más olvidada, y también porque en este libro Martín ha jugado un poco al despiste cambiando el título de los capítulos, abandonando en más de una ocasión el ya típico nombre del personaje como encabezamiento. Así, ha habido varios personajes que han lucido diferentes apodos en sus capítulos dedicados, lo que ha contribuido a sufrir durante unas cuantas líneas para ubicar de nuevo la acción en su lugar correspondiente.
Otro aspecto que maneja a la perfección es la estructura de la trama y cómo, cuándo y en qué lugar presenta la acción a través de los distintos personajes. Una serie de capítulos dedicados cíclicamente a los mismos personajes dará paso a la sorpresiva introducción de alguno del que no hemos sabido nada desde hace muchísimo tiempo, convirtiendo el desarrollo de la acción en una reunión de viejos amigos que se reúnen después de largo tiempo sin verse, con la consiguiente alegría al coincidir con los que te llevabas bien y la incomodidad de ver de nuevo a los que no eran de tu agrado.
Me quedo con mis favoritos Tyrion y Daenerys. Tyrion porque es el que más juego da con sus incontables idas y venidas, subidas y bajadas, su afilada lengua y su buen corazón, aunque sea pequeñito. No me importaría compartir mesa y mantel con él, degustando los exquisitos menús repletos de viandas y bebidas apetitosas que se le ponen por delante y aprendiendo a jugar al Sitrang. Y mi querida princesa Khaleesi, metida en berenjenales políticos que lidia de la mejor manera, pensando una cosa y diciendo la contraria como todo buen político.
Podría seguir escribiendo bondades sobre este libro. Ha merecido la pena la espera aunque no haya sido agradable. Posiblemente sea el libro que abarca una mayor dispersión geográfica, de ahí que los mapas que acompañan el volumen sean mucho más numerosos que en entregas anteriores. Y un final que te tiene en vilo hasta la mismísima última página. Ya lo dice el refrán: “Alas negras, palabras negras”. En los Siete Reinos y alrededores no se andan con chiquitas, y abundan la sangre y los muertos, así que cuidado porque nadie está a salvo de ser el siguiente en pasar a mejor o peor vida.


martes, 18 de septiembre de 2012

Mark Knopfler - Privateering.

Al Señor Mark Knopfler no le hice el más mínimo caso durante su etapa en Dire Straits. Siempre con el debido respeto a uno de los grandes guitarristas de la historia, pero sin llegar a pinchar ni uno solo de sus temas en mi casa ni por supuesto adquirir ninguno de sus discos. Sin embargo, y al igual que otras bandas como Queen, es difícil mantenerse al margen de sus canciones, ya que aunque tú no las pongas nunca te llegan por otros innumerables caminos. Es lo que tiene formar parte de la cultura popular o del inconsciente colectivo.
Otra cosa son ya sus discos en solitario. Llegué a ellos por casualidad y hace relativamente poco tiempo. Me abrió la puerta el EP The Trawlerman's song, y a partir de aquí le hice mucho más caso. ¿Y por qué? Porque su música tiene la capacidad de transportarme a mil y un lugar todos ellos apacibles y llenos de buenas sensaciones.
Ahora nos llega Privateering, pirateando con patente de corso o algo así, donde nos ofrece veinte vagones para viajar en un tren muy distinto al que nos cantaba Leño hace ya unos años. Aquí el billete tiene dirección hacia tierras irlandesas o gaélicas a través del sonido del whistle, o hacia el blues del delta, donde la armónica de Kim Wilson ayuda un montón.
Como curiosidad, contar que la versión normal en 2 Cd's es la que contiene los veinte temas, porque además existe una edición de lujo con cinco temas más, y una super de lujo con tres temas extras. No sé yo a qué viene tanto lujo en estos tiempos que corren, en fin...

viernes, 14 de septiembre de 2012

Mi abuelo y el Quijote.

Una de las imágenes que se me quedó grabada en la infancia fue la de mi abuelo Paco leyendo el Quijote. No era un hombre de letras, ya que aprendió a leer y escribir durante la Guerra Civil (se puede decir que sacó algo positivo del conflicto), y por lo que me contó, llegó hasta esta situación tan inusual hoy en día porque su etapa escolar consistió en entrar por la puerta del colegio y al minuto salir por otra puerta, ventana o lo que mejor le viniera.
La cuestión es que mi abuelo se sentaba en la mesa camilla con su voluminoso ejemplar del Quijote y comenzaba a leer. No era necesario mucho tiempo para que empezara a reírse, y las risas iban tan en aumento, que el siguiente paso era siempre quitarse las gafas para limpiarse las lágrimas con un pañuelo de tela que guardaba en su bolsillo doblado con pulcritud.
–¿Qué te pasa, abuelo? –le preguntaba yo con curiosidad.
Y siempre respondía lo mismo:
–Es que Alonso Quijano está como una cabra –y continuaba riendo.
Hablando con él en otras ocasiones que se repitió el episodio, me comentó que había leído el Quijote infinidad de veces, y que ahora se entretenía abriéndolo al azar y disfrutando de cualquier aventura que la suerte le echara a la cara.
No me da vergüenza confesar que no he leído el Quijote. No tengo ninguna excusa que me exima de ello; ni que me obligaron a leerlo en el colegio y le cogí manía o que todavía no he tenido ocasión de enfrentarme a él. Lo que sí diré es que, como a tantos otros de mi generación, pienso que nos lo sirvieron en bandeja a través de otros medios. Primero por una excelente serie de dibujos animados con mejor aún sintonía de apertura, y después con una magnífica serie de televisión donde Fernando Rey hacía de Don Quijote y mi querido e idolatrado Alfredo Landa tenía el papel de Sancho Panza. Esto hizo que muchas escenas del libro se hicieran archiconocidas llegando incluso al aburrimiento por repetición.
Sin embargo, últimamente recuerdo mucho a mi abuelo y sus divertidas lecturas, y con la estupenda oportunidad que me da la plataforma Kindle para abordarlo, y el tiempo que ya ha pasado desde que vi las series, me animan más que nunca a leerlo de una vez por todas. Aunque siempre tengo el temor de que, como a su protagonista, se me seque el seso de leer libros de caballerías.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Tras los pasos del... Rey Arturo de Claudine Glot y Philippe Munch.

Segundo ejemplar de esta colección que pasa por el blog tras el dedicado a los vikingos (ver enlace), y mismo objetivo de iniciarse y encontrar inspiración en sus páginas aunque con distinto resultado. Si bien el de los vikingos cumplió a la perfección su cometido, en este caso no se consigue no por culpa de sus autores ni mucho menos, sino por la enorme amplitud y trasfondo del tema tratado. Así, en muchas ocasiones se pierde o deja pasar el enorme simbolismo de muchas hazañas de los Caballeros de la Tabla Redonda, dejándolos a la altura de simples e inocentes pasatiempos. En su defensa, no debemos olvidar que el libro está dedicado a un público juvenil del que ya por desgracia no formamos parte. 
Tras una pequeña introducción de la época donde se desarrolla la acción, describiendo los distintos estamentos sociales de la Edad Media con sus quehaceres y vida cotidiana, se pasa directamente a la vida de Arturo. Esta primera etapa me trae a la memoria las escenas de la película Excalibur, que tan buen recuerdo dejaron en mi infancia y que veo acertadas tras lo que leo. La concepción de Arturo y la aparición de la espada Excalibur están reflejadas en la película a la perfección. 
Poco a poco van apareciendo los personajes principales de la historia, a la cabeza de los cuales colocaré al mago Merlín. Merlín es un personaje completísimo de enorme poder e influencia, una mezcla de hechicero-sacerdote con un aura de inmortalidad y un comportamiento misterioso que le hace más protagonista aún. Sus extrañas ausencias y su relación íntima con el bosque espolean nuestra imaginación, como lo hace también la extraña torre donde tiene su morada y cuya entrada está prohibida para el resto de los mortales. Arturo nos da pie a conocer más personajes ya famosos para nuestros oídos: su hermana Morgana, tan enigmática y cercana a Merlín y a sus artes ocultas, su esposa Ginebra con su belleza y sus amoríos prohibidos y sin duda la Tabla Redonda donde se sentarán sus paladines y donde contarán las aventuras vividas a medio camino entre el mundo real y el fantástico. 
Arturo encarnará el proceso de iniciación desde su humilde origen hasta convertirse en un rey justo, pasando por numerosas pruebas primero con el consejo de Merlín y posteriormente ya por sí solo. Poco a poco su personaje irá perdiendo fuerza para dar paso a sus caballeros. Perceval y Lanzarote del Lago, entre otros, abarcaran las misiones más peligrosas y difíciles, entre las que destaca sin duda la búsqueda del Grial, con todo un trasfondo mitológico que todavía nos hace preguntarnos hoy en día por su origen y localización. 
Resumiendo, una gran historia de caballería que nos invita a seguir indagando en el tema a través de los escritos que nos dejaron en un principio Geoffrey de Monmouth en 1136 y Robert Wace en 1160, y más tardíamente Thomas Malory con “La muerte de Arturo” en 1471. Con este último tengo una cuenta pendiente porque lo estuve ojeando y me echó para atrás su enrevesado lenguaje medieval. Pero sin duda alguna, el que más y mejor ha aderezado esta historia de magia y enigmas es el inacabado “El cuento del grial” de Chrétien de Troyes, un personaje desconocido y misterioso que ha traído y trae de cabeza a numerosos estudiosos del tema, y que estuvo muy relacionado con los nazis, Otto Rahn y los Pirineos, pero esa es otra historia.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Ya no queda Carne Cruda en Radio 3.

Uno de los últimos programas de Carne Cruda que escuché antes de marcharme de vacaciones fue el dedicado al incendio de Valencia. Gente especializada y conocedora del tema expuso sin tapujos las verdades que conllevaron a tremendo desastre: recortes de presupuestos desde hace años, falta de planes de actuación desde hace tiempo, demora en la atención por falta de personal... En fin, una cantinela que por desgracia se ha hecho común en estos tiempos que vivimos y a la que nos estamos acostumbrando, lo que es mucho peor. 
El mismo oyente que denunciaba el caso, dio las gracias a Javier Gallego, conductor del programa, por darle la oportunidad de hacer públicas aquellas críticas, y le emplazaba al momento que lamentablemente ha llegado, la supresión del programa.
Me da mucha rabia que esto ocurra en Radio 3, una emisora que escucho desde tiempos inmemoriales y que ha dado cancha a muchas músicas "prohibidas" en las demás emisoras. Pero no debemos olvidar que es la radio pública y como tal, está muy a mano de nuestros queridos dirigentes, a los que les escuecen las verdades y usan la tijera para curarlas. Magnífica excusa la de la crisis. Ahora para decir no basta con soltar la palabra crisis, que no hay dinero y hay que reducir gastos. No hacen falta más argumentos ni discusiones.
El programa me ha acompañado durante los trayectos al trabajo en los turnos de tarde. He pasado muy buenos momentos con Courtney y Kurt, los encuentros con Jorge Martínez o escuchando a los Toy Dolls o al padre de Manu Chao por poner un ejemplo, ya que ha habido un montón de cosas interesantes y muy variadas durante su tiempo de emisión.
Siento no poder haber saludado a Javier Gallego en la única ocasión que tuve viendo en directo a su banda Dead Capo (ver enlace). Yo no soy mucho de jazz, pero aquel día lo pasé muy bien. Por aquel entonces no sabía que él tocaba en la banda, así que la oportunidad pasó y se perdió como tantas otras veces me ha pasado y me pasará.
No volveremos a escuchar Carne Cruda, pero sí es posible verle de nuevo con su banda y seguramente ya está trabajando en alguna idea para seguir al pie del cañón con la noble labor que llevaba a cabo. Estaremos atentos a los medios. Mientras tanto, podéis leer su despedida en el siguiente enlace:



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