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martes, 25 de abril de 2017

El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de R. L. Stevenson

A estas alturas de la partida no voy a contar nada sobre la trama de esta joya de la literatura universal, archiconocida por todo el mundo y con innumerables adaptaciones al cine y a la televisión. Sí voy a reconocer que posiblemente debido a todas estas versiones en distintos formatos visuales, no había tenido ocasión de leer el original hasta este momento, espina que me acabo de sacar con gran alivio. Y de esta lectura ha surgido una reflexión que es el propósito de esta entrada.
Ambientada, como no, en el magnífico escenario del Londres victoriano, con una sociedad llena de prejuicios y de estrictas fronteras entre las clases sociales, quizá no había otra salida que la química para dar rienda suelta a oscuras aficiones y perversidades impropias de alguien tildado como decente. Y aquí llega mi reflexión, metidos de lleno en el siglo veintiuno de las redes sociales y el internet omnipresente cual versión moderna del todopoderoso, donde abundan por doquier los Dr. Jekyll 2.0 en tantísimas y numerosas versiones que podrían extender hasta el infinito la serie de decimales. No sólo tendrían cabida aquellos que a través de seudónimos y clónicas cuentas de correo pululan por la red interpretando no sólo personalidades ocultas, sino incluso hasta cambios de sexo virtuales, mostrándose tan opuestos a lo que en realidad son. Además entrarían aquellos que sin ocultar su verdadera identidad, muestran una apariencia que nada tiene que ver con su auténtico carácter, sin necesidad de inventarse nuevos personajes. No me negarán que no saben de algún caso en el que conociendo al personaje real en cuestión, se han tirado de los cabellos y rasgado sus vestiduras al ver su perfil en las redes sociales. Ay, Señor Stevenson, si hubiera conocido estos adelantos en su época, que distinta habría sido su novela.

3 comentarios:

IGNACIO HERNÁNDEZ COSME dijo...

Interesante reflexión Loren. Sabía de tu página, pero no había profundizado en ella. Detrás de ese seudónimo, escondes grandes aptitudes como escritor y como reflexólogo (permíteme la expresión), que sin duda tu timidez te impiden hacer en la vida real o mejor dicho en la vida real conmigo, que por desgracia es poco el contacto que me gustaría tener con mis amigos por los avatares de la vida (véase distancia, niños, trabajo...). Un placer descubrir ésta faceta tuya. Abrazo grande.

Mr. Gibson dijo...

Muchas gracias tron. Intentaré soltar más la lengua cuando estés cerquita de mi, que son pocas veces pero intensas. Un abrazo.

IGNACIO HERNÁNDEZ COSME dijo...

Bueno, señor. Mejor dicho redescubrir esa faceta tuya. Ya lo sabía (de la existencia de tu blog), pero no había profundizado en ello. El caso es que de una manera u otra, cuando nos vemos hay mucha gente y también se hace difícil hablar. Yo de todas maneras, seguiré buscando huecos para juntarnos. Por cierto, se me ocurre que falta la famosa barbacoa de éste verano. Que el verano pasado la dejamos de hacer por cuestión de agenda. Lo pongo en el grupo. Abrazo grande.

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