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viernes, 29 de junio de 2012

Marcha al Campo de Batalla de Los Arapiles 23-06-2012


De la mano de las asociaciones de vecinos AVECARSA y ARATOR, tuvimos el enorme privilegio de visitar in situ el campo de batalla de Los Arapiles. La excursión fue precedida el viernes 22 con una pequeña charla a manos de dos expertos sobre el tema, Miguel Ángel Martín Mas y José María González, que nos introdujeron de forma amena en lo que veríamos al día siguiente. Miguel Ángel nos situó la batalla dentro de la Guerra de la Independencia o Guerra Peninsular según los ingleses, atendiendo a los prolegómenos y derivaciones posteriores del evento, y José María se centró en la lucha de guerrillas llevaba a cabo por las tropas españolas en dicha guerra. Fue un aperitivo que nos supo a poco deseosos como estábamos de que llegara el día siguiente y poder ver en directo buena parte de lo que nos habían contado.


Vista panorámica de los dos Arapiles

Partimos al día siguiente a las 9 de la mañana porque se avecinaba un día de calor que nos hizo imaginar el sufrimiento de los contendientes pues las condiciones climáticas de aquel 22 de Julio de 1812 fueron parecidas. Lo primero que llama la atención del terreno, y que es fundamental para entender el devenir de la batalla, es que lo que en principio parece llano no lo es. Según nos contaron, el duque de Wellington, al mando de las tropas aliadas formadas por ingleses, portugueses, alemanes y españoles entre otros, tuvo la capacidad de esconder sus tropas utilizando los tesos y vaguadas que pueblan la zona. Puede parecer increible tratándose de grupos de cinco mil hombres, pero os aseguro que es verdad una vez visitada la zona.
Según pasaba la mañana, subimos al Arapil Chico, al Grande y por último llegamos al Centro de Interpretación de la batalla en el pueblo que le da nombre. Fuimos haciendo paradas en los lugares estratégicos del acontecimiento, donde nuestros guías fueron describiendo como sucedieron las horas de batalla hasta concluir en la derrota francesa que a la postre iniciaría la debacle del imperio napoleónico.


 El Arapil Grande visto desde el Chico

No me extenderé más en el tema pues sigo aprendiendo cosas y espero que en fechas próximas, cercanas al bicentenario de la batalla, pueda contaros algún detalle más. Solamente dar las gracias a los organizadores y guías por lo bien que lo pasamos durante la jornada. En realidad nos supo a poco ya que es un tema que teníamos pendiente desde hace mucho tiempo y las expectativas creadas no fueron en vano. Espero que las fotografías os ayuden a haceros una idea de la magnitud de la batalla y que sirva para que valoremos un poco más nuestra historia, desgraciadamente olvidada muchas veces y tratada con más interés fuera de nuestras fronteras.

El Arapil Chico visto desde el Grande. Al fondo la ciudad de Salamanca

Más info en:

jueves, 28 de junio de 2012

Meridiano de Sangre de Cormac McCarthy.

Llegue al Meridiano de Sangre tras el buen sabor dejado por la Carretera. Según leí, era considerada la mejor obra de McCarthy, así que sin pensármelo dos veces me sumergí en su lectura. De repente y totalmente por sorpresa me vi metido de lleno en el salvaje oeste del XIX. Y sí, aquí era salvaje de veras...
De la mano de "el chaval" (del que nunca conoceremos el nombre) hasta que se convierta en "el hombre" recorreremos el sur de los Estados Unidos y México en quizás el viaje más violento del que tuve conocimiento más allá de westerns cinematográficos y novelas baratas de Marcial Lafuente Estefanía.
"El chaval" de diecinueve años, sin oficio ni beneficio, iniciará el camino de la supervivencia en ambientes poco amables donde el whisky es el dios y las peleas su profeta. Calabozos y compañeros pendencieros de desdichas serán su compañía a lo largo de su vida, donde una cabellera de indio, o del pobre diablo que se cruce en su camino, vale dinero. Y dinero significa putas, alcohol, balas y pólvora.
Nos encontramos una historia de violencia llena de pequeñas historias de distinto tipo que la complementan, con personajes extraños y deplorables que lo mejor que hicieron en su vida fue servir de alimento a los carroñeros del desierto porque su bolsa de virtudes estaba vacía. Reconozco que en muchos pasajes he perdido el hilo debido a la forma de escribir de McCarthy. No siempre se sabe qué personaje habla y eso despista el seguimiento de la trama. Algunos personajes como el Juez Holton sueltan largas disquisiciones filosóficas difíciles de seguir. Aparte no me han gustado esas notas previas a cada capítulo que te adelantan lo que va a pasar. Caí en los dos primeros capítulos pero luego me las salté con acierto.
Resumiendo, me gustó mucho más la Carretera, aunque Meridiano también tiene su encanto, un poco difuminado porque muchos pasajes se hacen difíciles de entender. Cambio de tercio y me alejo del Oeste durante una temporada ya que tengo asuntos más cercanos que atender.

martes, 26 de junio de 2012

Doña Pepita.

Allá por el año ochenta, un servidor de ustedes comenzó la enseñanza primaria. Fue en un colegio recién estrenado en el barrio y mi primera profesora o señorita como se decía entonces fue Doña Pepita.
Doña Pepita debía rondar los cuarenta y tantos por entonces, aunque su aspecto físico y su manera de vestir la hacían parecer mayor. Su cuerpo me recordaba a los muñecos de nieve y con los años al perfil de Alfred Hitchcock al comienzo de su serie. Sería fácil dibujarla a base de círculos de distinto tamaño. A esto contribuía que tuviera el pelo muy corto, facilitando el círculo más pequeño que sería la cabeza. Se completaba su estampa con unos pendientes de perlas, un abrigo largo que se ensanchaba según bajaba formando una campana, un bolso de mano y unos zapatos de tacón.
Era una profesora seria y exigente que de vez en cuando repartía algún pescozón. Recuerdo que nadie se le subía a las barbas pese a su cómico aspecto. A la pobre le tocó lidiar con una banda de chavales mayores que no habían sido escolarizados por entonces y que con el paso de los años se convirtieron en delincuentes y primeros drogadictos del barrio. No se andaba con chiquitas Doña Pepita, los colocó a todos al fondo de la clase y los puso a rezar el Padre Nuestro, oración que aprendíamos todos los demás niños bastante asustados de tener unos compañeros tan mayores y gamberros.
Sólo me dio clase un año y con los años se perdió el contacto. La verdad que le tenía cariño a la señora porque aprendí mucho con ella y me caía muy bien. Todo así hasta hace unos años que casualmente nos encontramos por la calle. Yo iba acompañado de mi madre y fue ella quien la reconoció. Estaba ya muy viejita pero su carácter imperturbable se mantenía. Seguía con su mismo atuendo y aunque su corto pelo era ya blanco, conservaba la energía que yo recordaba. Nos saludamos muy afectuosamente y tras admirar cuánto había crecido me preguntó a qué me dedicaba. Tras decírselo su risueño semblante cambió a serio y comenzó a mover la cabeza y suspirar diciendo:
-"Con lo buenos chicos que érais, ninguno de vosotros a llegado a nada..."
Se me calló el alma a los pies y tras un momento de orgullo intentando responder a la afrenta, reconocí que tenía razón. No sé qué expectativas tendría Doña Pepita de sus alumnos, pero algo más de nosotros sí que se esperaba. Nos despedimos cordialmente y hasta la fecha no la he vuelto a ver. A lo mejor la pobre ya no está con nosotros, pero a mí no se me olvidará en toda mi vida ese último encuentro. Aflora en mi memoria cada vez que llego a casa asqueado del trabajo y con ganas de cambiar de aires. Me duele y espero poder algún día darle una satisfacción a la memoria de Doña Pepita, mi “seño” de primero de EGB.

sábado, 16 de junio de 2012

La Carretera de Cormac McCarthy.

Queda saldada una cuenta pendiente que tenía desde hace bastante tiempo y que había quedado olvidada en un rincón de la agenda. Desde que Lobo Eléctrico me recomendó el libro hasta que la excelente reseña de Adalides me la devolvió a la memoria ha pasado un largo trecho que ha culminado satisfactoriamente en los tres últimos días.
Porque su lectura sólo me ha llevado tres días, o más bien tres noches. De hecho, volvía cada noche a la inhóspita carretera no por masoquismo, sino quizás buscando una excusa para ver con mejores ojos la realidad que nos ha tocado vivir y darme cuenta de que todo puede ser peor.
El mundo alrededor de la carretera es frío, húmedo, oscuro y cubierto de ceniza. Se pasa hambre y se tiene miedo y hay que aprovechar la poca luz que queda para buscar alimento y esconderse del peligro para eludir la muerte o llamarla a través de un posible suicidio. La condición humana queda al descubierto mientras viajamos al sur sin mucha esperanza, mostrando aspectos tan contrarios como la crueldad o la caridad, la autodestrucción o la compasión. Nos preguntamos si Dios nos abandonó o es que simplemente nunca estuvo, olvidando el pasado para no sufrir más en el presente, bajando escalones en la pirámide de Maslow para mantener a flote las necesidades más básicas.
Mi condición de padre sin duda ha ayudado a empatizar al máximo con los protagonistas, poniéndome en su pellejo más de una vez y alegrándome de que sólo fuera en esta ficción. Las frases cortas de McCarthy son disparos directos al alma, y su encadenamiento a través de numerosas íes griegas da un ritmo trepidante a la narración tanto para bajar a los abismos como para subir a los cielos. Devorando los diálogos cortos y lúgubres entre padre e hijo, buscando respuestas donde no las hay, pero siempre de acuerdo en seguir adelante cueste lo que cueste.
Un pequeño gran libro plagado de frases y sentencias para enmarcar, donde me esperaba pasarlo mal y lo he pasado muy bien. Un afortunado primer contacto con la obra de McCarthy y que os aseguro que no será el último.

miércoles, 13 de junio de 2012

El Ángel Perdido de Javier Sierra.

No es mal comienzo para una novela coincidir con John Dee, un personaje que me fascina y al que llevo siguiendo mucho tiempo (ver enlace), y tampoco es nada malo saldar la deuda pendiente que tenía con Javier Sierra, autor del que he leído todas sus obras en la época antebloguiana y que tenía abandonado con esta última entrega.
Supongo que llego tarde para calificar a Javier como el Dan Brown español. Ambos comparten un estilo muy parecido sin que esté diciendo de ninguna manera que hay algún tipo de copia. Como digo, he leído toda la obra de Javier incluso antes que la de Brown y solo quiero subrayar que su manera de escribir o de hilar sus historias es parecido. Escoger episodios del mundo del misterio y del esoterismo y mezclarlos con tramas llenas de tecnología de última generación e intereses gubernamentales ha dado muchos éxitos a estos autores, más aún después de la vorágine iniciada por el Código Da Vinci y que hizo popular entre las masas este tipo de escritura. No por ello voy a obviar que según mi opinión este género está ya en total decadencia, debido a que las editoriales aprovecharon el tirón Da Vinci para publicar infinidad de libros del estilo, la mayoría de ellos de poquísima calidad (leí un buen montón de ellos), y que han saturado el mercado. Hoy en día ya no están tan de moda los templarios y por suerte las publicaciones de este tipo van bajando, sólo quedando al alcance de pocos como Sierra o Brown mantenerse con un buen nivel de aceptación.
En cuanto a la novela, destaco la ubicación de escenarios en Santiago de Compostela y Noia, lugares que conozco y están llenos de magia, o el Condado de Wiltshire, que también he visitado y está también a una gran altura en el ranking de misterios. Me ha gustado especialmente el episodio brujeril de la protagonista acompañada de su abuela y tía cuando sólo tenía diez años, aventuras como esa son de las que me gustaría haber vivido alguna vez en la vida y aún no descarto poder hacerlo.

lunes, 11 de junio de 2012

Cantabrum indoctum iuga ferre nostra.

Al final de la playa del Sardinero se halla un monumento dedicado al pueblo cántabro. Estas gentes ocupaban la actual provincia de Cantabria y algunas zonas de las provincias colindantes. Estaba formado por diferentes clanes y puso todo su ahínco en evitar ser dominados por los romanos. 
Al pie del monumento se cita una frase del poeta Horacio que da título a esta entrada y significa "El cántabro, no enseñado a llevar nuestro yugo". Da fe del carácter indómito de estos pueblos norteños que defendieron lo suyo con honor y valentía, y que tantas veces se ha puesto como ejemplo de lucha justa y heroica.

jueves, 7 de junio de 2012

Manolo Preciado, un hombre de verdad.

Como habéis leído en las últimas entradas del blog, hemos pasado unos días en Cantabría. Todo han sido cosas positivas y vendrán más entradas que lo contarán. Y entre las cosas agradables y curiosas que vivimos, hubo una que no pasaría de mera anécdota o comentario si el bueno de Manolo Preciado no nos hubiera dejado hace tan poco.
La mañana del sábado 2 de Junio, mientras disfrutábamos entre amigos, nos pareció ver a Manolo Preciado paseando por el Sardinero. No creo que en realidad fuera él, pero lo valorable fueron los comentarios que se sucedieron al entrar en la conversación. Todo fueron palabras de respeto y admiración hacia este hombre de fútbol, y eso que procedían de gentes de muy diversos lugares de España sin relación con Cantabria.
Nunca lo conocí personalmente, pero verlo gritar en la banda del campo, verlo festejar los triunfos y soportar las derrotas le hicieron un hueco entre mis favoritos del fútbol. La vida le trató mal, y el fútbol tampoco fue un campo de rosas, pero siempre supo mantener el tipo y salir adelante. 
Hoy me entero con dolor de tu marcha y me siento mal. Como tú decías, de nada sirve preguntarse ¿por qué? ¿por qué?, la vida es un vaivén constante lleno de altibajos de alegría y de dolor y es así para todos. Bob Wayne lo canta a la perfección: "de la sangre al polvo el camino es corto". Hasta siempre Manolo, con todo mi respeto y admiración para siempre.

miércoles, 6 de junio de 2012

Estrella Damm on the beach.

Ahora que quedan pocos minutos para empezar una nueva jornada laboral, no es mal momento para recordar lo bien que lo pasamos el pasado fin de semana por las tierras cántabras. Allí todo fueron parabienes, disfrute y alegrías, así que de nuevo agradezco a todas las personas implicadas y a la meteorología la buena acogida que tuvimos esperando poder repetir pronto.

martes, 5 de junio de 2012

Ciudad Zombie de David Moody.

Continuamos avanzando dentro de la epopeya zombie de David Moody subiendo al segundo escalón. Todavía nos acompañan las dudas sobre qué generó esta catástrofe en la que nos encontramos metidos, y lejos de disiparse, las dudas aumentan tras la aparición de nuevos elementos que nos intrigan aún más: ¿Fue algo natural o provocado? El devenir de los supervivientes en pos de respuestas o simplemente por subsistir los llevará a encontrarse nuevas incógnitas y nuevos retos que deberan superar o de lo contrario serán devorados por la creciente y pútrida masa zombie siempre al acecho.
En esta segunda parte del relato, la trama va mucho más rapido que en la primera, ya que todo el proceso de zombificación ya fue explicado y no es necesario para seguir la acción. La inquietud continúa ante la posibilidad de inesperadas apariciones de visitantes no deseados, así que mis ratos de lectura (nunca a solas) son silenciosos y cautos, atento a cualquier ruido que me alerte de una presencia no deseada. 
Me sigo preguntando el porqué de la reticencia de los protagonistas en eliminar a los amenazantes zombies que los ostigan. Sólo lo hacen cuando no les queda otro remedio y sus vidas corren peligro. Además, cuando surgen diálogos buscando posibles soluciones o planes de futuro, nunca nadie propone tratar de eliminarlos de alguna manera. Mi opinión es que no sería tan difícil encontrar una manera de acabar con las masas zombies quemándolos  o tendiéndoles trampas para ir acabando con ellos poco a poco. Supongo que el hecho de que alguna vez fueran humanos como nosotros es lo que tira para atrás estas acciones violentas, aunque no las entiendo dada la amenaza que suponen y lo desvirtuados que están ya debido a la putrefacción y lo poco que recuerdan lo que un día no tan lejano fueron. En fin, en breve otra entrega más de la narración por estos lares.

lunes, 4 de junio de 2012

Voll Damm on the beach.

Podrían decirse mil cosas sobre esos momentos especiales que quedan en el recuerdo gracias a la combinación de distintos motivos, todos ellos agradables. Cuando se juntan la buena compañía, el buen tiempo, una gran localización y un aderezo gastronómico, la situación sólo puede calificarse como un lujo. 
Como por desgracia esto no ocurre a diario, cuando se presenta hay que aprovecharla al cien por cien y pensar en algo parecido a Carpe Diem. Y no es mala idea guardar un recuerdo fotográfico para traerla a nuestra memoria y recordarla con agrado cuando ya ha pasado y esperamos que acontezca la siguiente conjunción mágica.
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