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miércoles, 17 de octubre de 2012

Kelly Slater en Malibu Beach.


Mientras yo hacía mis primeros pinitos sobre una tabla de surf, mi hermana y familia disfrutaban de sus vacaciones en Estados Unidos. Uno de sus destinos a visitar era la famosa playa de Malibu, que tantas veces ha sido nombrada en películas y series de televisión; bien conocida por sus famosos habitantes, sus chicas en bikini, los vigilantes de la playa y también por los surfers que disfrutan de sus olas.
Según me contaron, el ambiente surfero allí era increíble. Las furgonetas a pie de playa cargadas de tablas donde los deportistas esperan con paciencia que vengan las olas, y cuando estas llegan, surfers de todas las edades (más de uno peinando canas) sobre un montón de tipos diferentes de tabla disfrutando del mar en buen rollo y armonía. Con este decorado de fondo transcurrió toda la mañana, hasta que después de comer algo especial ocurrió.
Como otro surfer cualquiera, un chico calvo enfundado en un neopreno azul se dirigió con su tabla hacia el mar. Quizás debido a la modorra postprandial pocos se fijaron en él en ese momento, pero cuando empezó a cabalgar las olas de forma magistral el silencio cubrió la playa de Malibu. Ni mi hermana ni sus acompañantes sabían quien era aquel tipo, pero seguro que era alguien especial. Así lo demostraban los aficionados que se acercaban a él cuando tras coger una ola llegaba a la orilla, y no paraban de hacerse fotos con él y darle palmadas de aprobación sobre la espalda. Hasta tal punto llegó esta situación que el pobre surfer, tímido y abrumado por tanta expectación, renunció a recorrer a pie la distancia que le separaba del punto de inicio para comenzar a surfear de nuevo y optó por la opción de remar contracorriente sobre su tabla para evitar dichas aglomeraciones. Sin más, y con unas cuantas fotos de recuerdo de la experiencia, la jornada vacacional acabó, al igual que las vacaciones unos días más tarde.
Cual no sería la sorpresa que se llevaron, cuando ya en su casa y digiriendo lo vivido, vieron la noticia en el telediario de un nuevo premio para el más grande surfer de todos los tiempos: Kelly Slater, un chico calvo y con un neopreno azul. El mismito que habían visto en Malibu. Se pueden decir muchas cosas sobre estos encuentros fortuitos: casualidades de la vida, el mundo es un pañuelo, suerte...
Días después y tras contarle yo mis experiencias surferas, me contaban ellos la suya, enviándome las fotos para demostrar que era cierto lo que decían. Desde aquí yo les doy las gracias por las fotos y por compartir esta historia conmigo y darme permiso para compartirla con vosotros. Espero que os guste.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Increible como lo has descrito, si hubieras estado alli, no lo habrias hecho mejor.

Mr. Gibson dijo...

Si hubiera estado allí, habría sido uno de los brasas que perseguían a Slater para hacerme una foto con él.

Javi dijo...

Menuda suerte!!

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