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lunes, 8 de octubre de 2012

Costumbres futboleras.

Hace unos meses llevamos a nuestro hijo al fútbol. Dada su temprana afición por este deporte y que se nos presentaba una buena oportunidad para asistir toda la familia junta, no dejamos pasar el momento y acudimos al Estadio Helmántico para que el chaval viera un campo y unos futbolistas de verdad en vivo y en directo.
La primera reacción fue muy buena, cantando el himno local y después viendo los primeros compases del encuentro. La cosa se empezó a torcer cuando el niño se empeñó en saltar al césped. A él lo que le gusta es jugar y no quería dejar pasar la experiencia de meter unos goles en un campo tan grande. Lo convencimos más o menos diciéndole que ese campo era sólo para mayores y que el policía local no nos iba a dejar pasar. Cuando la Unión marcó el primer gol, el estruendo causado por el público en su celebración asustó al muchacho y empezó a llorar. Normalmente se le pasa cogiéndolo y dándole algo de comer para distraerlo. A tal fin, mi mujer quiso sacar el bocadillo que llevábamos para comerlo en ese momento y entretener un poco al niño. Yo la paré de inmediato, diciéndole que el bocadillo era para el descanso, cosa que no comprendió muy bien hasta que el árbitro pitó el final de la primera parte, dándome entonces la razón. Se quedó alucinada cuando la mayoría de la grada empezó a sacar "flautas" envueltas en papel de aluminio, y poco a poco el olor a chorizo y a tortilla de patatas inundó el estadio. Y es que el descanso en el fútbol es para comer el bocadillo. Otras costumbres que me gustan menos son las de los fumadores de puros, que parecen querer compartir su nauseabumdo humo con todos los presentes, o los comedores de pipas que lo dejan todo perdido de cáscaras.
En la segunda parte y gracias a la ingesta, el chaval estuvo bastante tranquilo disfrutando del espectáculo, pero poco a poco se fue aburriendo y de nuevo quiso saltar al campo, así que al final nos marchamos un poco antes de que acabara el encuentro. Le dije que si quería jugar en ese campo tendría que entrenar mucho y a lo mejor algún día lo conseguía. Quién sabe...
Aprovecho la oportunidad para dar ánimos a la Unión Deportiva Salamanca, que va muy bien en lo deportivo pero en lo económico ha estado a punto de irse al garete. Parece que por lo menos hasta final de temporada se ha salvado. Yo no la sigo mucho, aunque le tengo cariño al equipo, y conozco unos cuantos amigos que sienten los colores albinegros como el que más. Por toda esta gente es importante que este club no desaparezca, así que ¡Hala Unión!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Hala Union!

Javi dijo...

A mi la verdad es que me pasa como a tu hijo, si no juego yo pues me la trae al pairo ; )

Saludos

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