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jueves, 17 de mayo de 2012

La Cigarra y la Hormiga.

Recuerdo con cariño los cuentos que leía en la infancia. Con pocos años devoré toda la biblioteca acumulada por mi hermana mayor antes de empezar a pedirle a mi madre que me sacara libros de la biblioteca de la Caja de Ahorros, a la que no podía acceder por mi prematura edad. En aquellos años no había las facilidades ni las instalaciones con las que contamos hoy en el servicio de bibliotecas del Ayuntamiento. Me pregunto que habría pasado si con todo el tiempo que tenía por entonces hubiera estado a mi alcance todo lo que hoy campea por el barrio o el pueblo. Algo cercano al éxtasis bibliográfico o al paraíso de tinta y papel podría haber tenido forma. En fin, no fantaseemos con lo ya imposible.
Recuerdo con especial cariño las fábulas, aquellas historias donde los animales tomaban la voz de los humanos y nos presentaban sus tribulaciones con una moraleja final muy útil para nuestras vidas en ciernes. Podría elegir entre muchas, pero me quedo con la cigarra y la hormiga porque fue una de las que más caló en mi personalidad y siempre supuso un ejemplo a seguir, aunque en los últimos tiempos se ha desvirtuado bastante. No sé decir cual es la versión original (Esopo, La Fontaine o Samaniego la trataron), pues leí varias con distintos finales más o menos reales o azucarados para nuestros cerebros esponja de entonces, pero lo extraíble era lo siguiente:
Durante el buen tiempo la trabajadora hormiga no perdía el tiempo y recogía alimento para que cuando llegara el frío y la escasez estuviera preparada y no le faltara de nada. Por otra parte, la ociosa cigarra prefería divertirse y cantar en lugar de trabajar y pensar en su futuro. Al llegar los malos tiempos la cigarra lloraba y se arrepentía por no haber previsto lo que se le había venido encima mientras la hormiga descansaba a gusto bien alimentada y caliente en su casa subterránea. Como digo, dependiendo del final la hormiga se apiadaba de la cigarra y le daba cobijo o el pobre bicho moría de frío sola y sin ayuda.
Sin embargo, los valores inculcados en esta fábula hoy en día ya no son tan fuertes en mi manera de pensar ni tan aplicables a la sociedad actual. Yo siempre pensé en tomar el papel de la hormiga, primero la obligación y luego la devoción como decía mi padre en casa. Seré una persona trabajadora y ahorradora y me divertiré sólo cuando tenga todo el trabajo hecho. Con los años y viendo numerosos ejemplos humanos del tema, mis convicciones se fueron derrumbando. Vi muchas cigarras que se pasaban todo el día de fiesta, trabajando lo mínimo o viviendo del cuento o de las ayudas de otras hormigas sin que nunca les llegara ese terrible invierno que acabara con ellas. Y también conocí a muchas hormigas trabajadoras que cada vez tenían que trabajar más para conseguir menos o que cuando les iba mal no conseguían ayuda tan fácil como las cigarras. Quizás la fábula no estaba completa y faltaban unos cuantos personajes más: zánganos, abejorros, escarabajos peloteros, arañas, pulgas, piojos, mosquitos y moscas cojoneras por no seguir poniendo ejemplos. Y es que si al hombre le quitan su pequeña condición humana no es más que un animal cualquiera.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La fábula en el cine: http://www.youtube.com/watch?v=tYd1Nh0NvOE

Espero que os guste.

Mr. Gibson dijo...

Otra opinión más sobre el tema.

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