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sábado, 4 de julio de 2009

Conversaciones con una mosca cojonera (historia basada en hechos reales).

Ayer por la mañana entré en la cocina a desayunar como otro día cualquiera. Mientras cogía el paquete de galletas, noté una presencia inquietante a mi alrededor. No supe de qué se trataba hasta que tocó mi piel. Era una mosca.
La espanté con un movimiento rápido de mi mano, pensando que era normal que estuviera por allí porque ha llegado el verano y ya se sabe, hace calor, se abren las ventanas y los bichejos entran en casa aprovechando cualquier resquicio. Acabé de desayunar y me marché sin más.
A mediodía, de nuevo en la cocina, estaba preparando la comida cuando de nuevo volvía a ver a la mosca rondando a mi alrededor.

-¿Todavía andas por aquí? Voy a abrir la ventana a ver si te vas de una vez.

Continué con mi labor culinaria durante un rato hasta que la mosca volvió a molestarme.

-Me estás hartando. A ver si con un poco de ayuda desapareces de mi vida.

Así que me puse a acorralarla con mis brazos estirados para conducirla a la ventana, pero no sé como la perdí de vista sin saber si había logrado mi propósito. Lo cierto es que no supe de ella nada más por el momento.
Ya entrada la tarde, decidí prepararme unos sandwich antes de ir al concierto de Obús. Mientras untaba de mantequilla el pan de molde ¿a qué no sabeis a quien me encontré? A la puñetera mosca posada sobre la tarrina del Tulipán.

-Animal del demonio, me estás sacando de quicio. Te mato.

De esta que cogí un trapo de cocina para destriparla de un golpe certero, pero de nuevo la muy lista desapareció. No fui capaz de encontrarla. Me vino a la memoria eso que dicen sobre las moscas, que solo duran un día. Me alegré al pensar que su muerte estaba cerca, o bien por causas naturales o bien por mi trapo de cocina asesino. No volví a verla.
Hoy me levanté todavía con el zumbido en mis oídos gracias al volumen brutal de Obús. Mis pasos llenos de instinto de supervivencia se dirigieron a la cocina en busca de galletas. Y como no, allí estaba ella, esperándome encima de la encimera. Me ha dado pena porque he notado que su volar no es tan rápido y tan alegre como antes, supongo que es porque ya es una mosca anciana. No sabía que hacer, si adoptarla, si llevarla al hospital moscuno o simplemente aplicarle una eutanasia rápida y efectiva a base de trapodecocinol.

-Sabes que te digo, que paso de tí. Te dejo la ventana abierta y haz lo que te salga de las alas, que yo me voy a escribir en mi blog.

3 comentarios:

J. dijo...

Igual te acompañó al concierto de Obus y por eso la pobre mosca parecía cansada, también a ella le zumbarían los oídos.

Mr. Gibson dijo...

Hoy ya no está. A lo mejor era la mosca rockera que se ha pasado un fin de semana por aquí.

Chererito dijo...

Esa actitud cansina e insistente de la mosca se parece mucho a la de ciertos humanos, que ni con puertas ni ventanas abiertas se van de tu vida y, para colmo, su esperanza de vida es mayor (por no hablar de lo que disfrutarian los periódicos si te las cargaras a trapo limpio).
Lamento la soledad que debes sentir ahora que no está.
Salu2

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